Uno de los edificios más emblemáticos del casco urbano de Tomares
es el mirador de la Torre de Navarro, porque si bien las torres
miradores en el alfoz sevillano se cuentan por decenas, las
características de esta torre la hacen única en Andalucía.
Construida
en 1763 por el conde de Lebrija y marqués de Montefuerte como una
torre de contrapeso típica de todas las almazaras de la época, su
singular mirador dotado de triples arcos árabes en forma de sintagma
almohade1,
constituida por dos arcos menores en diámetro colocados a cada lado
de otro de mayor calibre solo se halla en los edificios construídos
en la época andalusí especialmente en Granada.
Su
particular fisonomía sirvió de modelo para los arquitectos
regionalistas que construyeron edificios neomudéjares a principios
del siglo XX coincidiendo con la Exposición Iberoamericana de 1929.
Curiosamente este ejemplar único no se recoge en el catálogo de
obras de arte de la «Guía
artística de Sevilla y su provincia»
de Alfredo J. Morales, editada por la Diputación de Sevilla en
1981.
Pues
bien, presumiblemente,
unos años antes de su construcción, en 1755, el terremoto de Lisboa, que causó la
destrucción del 6,5%
de las viviendas de Sevilla y daños graves en otro
89,4%, entre los que hay que destacar 105 iglesias, conventos,
hospitales y ermitas2,
fuera
el causante del desmoronamiento de la torre fortificada
de probable origen almohade, similar a la del cortijo de Quintos, que
figura perfilada en el plano de Obando de 1628, y
que dañara
con su caída la iglesia parroquial y la antigua hacienda de
Montefuerte. Este hecho
sería
el causante de las obras de reconstrucción del molino de aceite en
1762.
La
construcción de una almazara exigía una importante inversión en
bienes inmuebles, cuya pieza clave era la torre de contrapeso, donde
se insertaba y apoyaba
una enorme
viga de más de
quince metros de largo, que
debía soportar el efecto de palanca cuando la pesada estructura de
madera presionaba los capachos con el cargo de pasta de aceitunas
sobre la solera3
y la nave donde se
desarrollaba la labor de prensado y almacenado del aceite.
Pero
además de las construcciones industriales se exigía una fuerte
inversión en maquinaria, especialmente en piedras de molino y
labores de cantería para asegurar el anclaje de la compleja
instalación de prensado y conducción del aceite a los depósitos de
decantación.
Esa
instalación de cantería la realizó Agustín Bueno, maestro cantero
de Gerena, a lo largo del mes de agosto de 1762. A tal fin, consta un
contrato de fecha 9 de marzo de aquel año, suscrito entre el citado
maestro y el conde de Lebrija en el que se valoran los materiales y
la instalación de la piedra principal del molino, el alquerque, el
alfarje, el peso, las
bambas, los cantos de las vírgenes y las guiaderas y
las conducciones a
los azarcones en un importe total de cinco mil trescientos reales.
El
referido contrato figura en el Archivo de Protocolos de Sevilla y su
contenido íntegro se recoge en las páginas 77 y siguientes de la
obra «Fuentes
para la historia del arte andaluz. Tomo XIV. Noticias de Arquitectura
(1761-1780)» del profesor
Francisco Ollero Lobato.
2
«Catálogo nacional de riesgos geológicos»
Instituto Tecnológico Geominero de España. Pag. 118. IGME, 1988.
3
«Las haciendas
agrícolas del entorno de Sevilla y su valor artístico e histórico»
Pedro Sánchez Núñez. Temas
de Estética y Arte. Real
Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Número
30, año 2016. Pág. 213.



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