miércoles, 30 de octubre de 2019

Los orígenes de la torre de Navarro y los canteros de Gerena


Uno de los edificios más emblemáticos del casco urbano de Tomares es el mirador de la Torre de Navarro, porque si bien las torres miradores en el alfoz sevillano se cuentan por decenas, las características de esta torre la hacen única en Andalucía.

Construida en 1763 por el conde de Lebrija y marqués de Montefuerte como una torre de contrapeso típica de todas las almazaras de la época, su singular mirador dotado de triples arcos árabes en forma de sintagma almohade1, constituida por dos arcos menores en diámetro colocados a cada lado de otro de mayor calibre solo se halla en los edificios construídos en la época andalusí especialmente en Granada.

Su particular fisonomía sirvió de modelo para los arquitectos regionalistas que construyeron edificios neomudéjares a principios del siglo XX coincidiendo con la Exposición Iberoamericana de 1929. Curiosamente este ejemplar único no se recoge en el catálogo de obras de arte de la «Guía artística de Sevilla y su provincia» de Alfredo J. Morales, editada por la Diputación de Sevilla en 1981.


Pues bien, presumiblemente, unos años antes de su construcción, en 1755, el terremoto de Lisboa, que causó la destrucción del 6,5% de las viviendas de Sevilla y daños graves en otro 89,4%, entre los que hay que destacar 105 iglesias, conventos, hospitales y ermitas2, fuera el causante del desmoronamiento de la torre fortificada de probable origen almohade, similar a la del cortijo de Quintos, que figura perfilada en el plano de Obando de 1628, y que dañara con su caída la iglesia parroquial y la antigua hacienda de Montefuerte. Este hecho sería el causante de las obras de reconstrucción del molino de aceite en 1762.

La construcción de una almazara exigía una importante inversión en bienes inmuebles, cuya pieza clave era la torre de contrapeso, donde se insertaba y apoyaba una enorme viga de más de quince metros de largo, que debía soportar el efecto de palanca cuando la pesada estructura de madera presionaba los capachos con el cargo de pasta de aceitunas sobre la solera3 y la nave donde se desarrollaba la labor de prensado y almacenado del aceite.


Pero además de las construcciones industriales se exigía una fuerte inversión en maquinaria, especialmente en piedras de molino y labores de cantería para asegurar el anclaje de la compleja instalación de prensado y conducción del aceite a los depósitos de decantación.

Esa instalación de cantería la realizó Agustín Bueno, maestro cantero de Gerena, a lo largo del mes de agosto de 1762. A tal fin, consta un contrato de fecha 9 de marzo de aquel año, suscrito entre el citado maestro y el conde de Lebrija en el que se valoran los materiales y la instalación de la piedra principal del molino, el alquerque, el alfarje, el peso, las bambas, los cantos de las vírgenes y las guiaderas y las conducciones a los azarcones en un importe total de cinco mil trescientos reales.

El referido contrato figura en el Archivo de Protocolos de Sevilla y su contenido íntegro se recoge en las páginas 77 y siguientes de la obra «Fuentes para la historia del arte andaluz. Tomo XIV. Noticias de Arquitectura (1761-1780)» del profesor Francisco Ollero Lobato.




1 «La Sevilla de los miradores» Joaquín González Moreno. Pág. 47. Sevilla. 2004.

2 «Catálogo nacional de riesgos geológicos» Instituto Tecnológico Geominero de España. Pag. 118. IGME, 1988.

3 «Las haciendas agrícolas del entorno de Sevilla y su valor artístico e histórico» Pedro Sánchez Núñez. Temas de Estética y Arte. Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Número 30, año 2016. Pág. 213.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

De cuando la prensa de Madrid calificaba a los tomareños de «bárbaros, cafres y beduinos».

  Hoy nos desplazamos al reinado de Isabel II, la tataranbuela del rey Juan Carlos I, concretamente al año 1845; Ram ón María Narváez, apoda...