Estamos a principios de 1890 y las cosas no han empezado demasiado bien en la provincia de Sevilla. La sequía que arrastraba el campo desde el pasado verano era ya alarmante y la gente solo veía encima de su cabeza los nubarrones del hambre. El 8 de febrero salió en procesión extraordinaria la Virgen de los Reyes, haciéndose públicas rogativas para que cesara la pertinaz sequía, a la que acudió un gentío descomunal tanto de la capital como de los pueblos de los alrededores. También le preocupaba a la gente la epidemia de cólera que se estaba extendiendo por todo el país y que más pronto que tarde llegaría a nuestra tierra.
Pero otros asuntos rondaban en la cabeza de don Juan Navarro Caro, concejal del Ayuntamiento de Tomares y, por consiguiente, también de San Juan de Aznalfarache. En ese día se recibió un telegrama desde la Corte, en el que se anunciaba que se había presentado una proposición de ley en el Congreso de los Diputados para que se aprobara la segregación del municipio en dos entidades independientes. i
Al concejal y antiguo alcalde no le cogió de sorpresa la noticia, pues desde hacía más de veinte años los enfrentamientos con Manuel Martínez Cuevas, alcalde saliente y actual teniente de alcalde representante de San Juan, eran frecuentes a propósito de la independencia del barrio y sabía que le quedaba por delante una formidable lucha tanto contra los políticos locales como contra los influyentes gobernantes que los apoyaban, ya que sabía que no contaba con mucha ayuda de los diputados en el Congreso y que esa proposición de ley saldría adelante sin problemas.
Su objetivo sería salvar el territorio histórico de Tomares y no cederle al futuro municipio más que lo que le correspondía. Para ello tenía que conocer, por un lado, quiénes eran esos políticos poderosos contra los que tenía que enfrentarse, y por otra, determinar claramente cuál era el territorio que históricamente había pertenecido a Tomares para librarlo de las garras de sus, todavía, convecinos de San Juan.
Siguió leyendo el telegrama y se le puso la carne de gallina. El diputado que había presentado la proposición de ley era nada más y nada menos que don Antonio Ramos Calderón, más peligroso que un Miura. Poco tenía que estudiar de aquel tipo, pues su trayectoria política se la sabía de memoria, como la mayoría de los sevillanos ilustrados de la época.
Este señor era diputado por el partido liberal por la circunscripción de Écija, aunque había nacido en Morón y vivía en Sevilla. Periodista y radical en su juventud, fue nombrado secretario de la Junta Revolucionaria de Madrid cuando triunfó la revolución de 1868 que trajo la Primera República, fue en aquella época elegido diputado al Congreso, y desde entonces no lo había abandonado, habiendo sido reelegido una y otra vez, unas veces por Écija y otras por Morón.ii Era masón, grado 9, Venerable Maestro de la logia masónica “Gran Oriente Español”.iii
Desde hacía décadas se consideraba que era el cacique de la provincia de Sevillaiv entendido por tal, la persona que se encargaba de controlar los votos de todas las personas con capacidad de voto de su territorio, lo cual era la base de la alternancia política que la Restauración demandaba. Los caciques eran personas con poder económico, que contaban con un séquito (gente que trabajaba para él) formado por grupos, capaces de intimidar a sus convecinos que sabían que si las cosas no transcurrían según los deseos del cacique podían sufrir daños físicos. v
Frente a ese morlaco, poca faena podía hacerle teniendo en cuenta la influencia que tenía en la administración provincial, especialmente en el ámbito de la Diputación, cuyos funcionarios serían, en último extremo, los que deberían decidir los límites de cada termino municipal. Bien agarrados estaban los sanjuaneros, pensó don Juan. Pero él tampoco era mal torero. Importante propietario agrícola del Aljarafe, tenía sus conexiones en el enrevesado y siempre difícil mundo de la política sevillana de las que tendría que valerse para contrarrestar las agarraderas del viejo político liberal.
Otro tema distinto era la determinación del término histórico de Tomares. Asunto complicado, pues. Tomares y San Juan de Aznalfarache llevaban seiscientos cincuenta años formando parte de una misma entidad municipal. Primero como integrantes de la Mitación de San Juan, y luego que el Conde-Duque de Olivares la descuartizó, como municipio singular y por lo tanto no existía ninguna línea de demarcación para utilizar como base de una futura negociación.
Tomares y San Juan de Aznalfarache eran como el día y la noche. El pueblo, situado entre los cerros del Aljarafe era eminentemente agrícola, dedicado al olivo y al cereal, con pocas industrias, generalmente agrícolas, molinos de aceite, alguna que otra alquitara para fabricar aguardiente y pare usted de contar. Tuvo una industria de tubos de plomo que quebró hacía tiempo. La mayoría de la población eran jornaleros que prestaban sus servicios en las haciendas olivareras porque la propiedad estaba muy concentrada en pocos propietarios que generalmente vivían en la capital.
El barrio, San Juan, se extendía por cuatro calles cerca de la vega. También allí la propiedad estaba muy concentrada, pero a parte de los pocos olivares situados en los cerros del sur de la población, sus habitantes se habían dedicado históricamente a la hostelería —los mesones y tabernas instaladas a lo largo del río solían ser los lugares donde se había concentrado el golferío de la capital a lo largo de los siglos, con fácil acceso por vía fluvialvi— y también contaba con jornaleros de regadío que cultivaban el orozuz en la vega, así como trabajadores en la incipiente industria local, especialmente fábricas y destilerías de perfumería y de loza.vii
San Juan, a lo largo de los siglos había sido un lugar poco habitado, especialmente por las continuas inundaciones que se producían al estar cerca del río. Los pocos pobladores se habían instalado en la falda del cerro de la fortaleza de Aznalfarache, lugar inhóspito y sin agua, en donde se hallaba el convento de los franciscanos que lograban sobrevivir a duras penas en verano valiéndose del agua, a veces putrefacta, de los aljibes que almacenaban la caída de las lluvias.viii
Hasta bien entrado el siglo XVIII al lugar se le llamaba Valle de San Juan y por “valle” debe entenderse “lugar de regadío y huerta” como bien lo define la profesora Mercedes Borrero Fernández en la página 91 de su obra «El mundo rural sevillano en el siglo XV» publicada por la Diputación de Sevilla en 1983, y como se puede ver en el mapa de Obando de 1628ix, con la misma denominación que “Valle de Madonado” o “Valle de Vergara” también situados en dicho mapa y poblado por algunas casas de hortelanos, porque a lo largo del arroyo de la Fuente o Camarón se extendían huertas de frutales y hortalizas. Pero a lo largo de los siglos la población fue aumentando proporcionalmente muchísimo más que la de Tomares, por lo que en el último tercio del siglo XIX ambos núcleos tenían más o menos la misma población. En 1890, concretamente, 586 habitantes tenía Tomares y 590 el barrio de San Juanx. Teniendo en cuenta esa tendencia, todo el mundo reconocía que en pocos años la población del barrio, mucho más industrial y dinámico, duplicaría o triplicaría a la del pueblo, tal como sucedió, así que nadie ponía en duda su próxima segregación. Solo se discutía la extensión de su futuro término municipal.
Para llevar a cabo la determinación del término histórico del pueblo, nos imaginamos que don Juan Navarro Caro se valió de sus colaboradores más estrechos, como Manuel Caro Díaz, alcalde actual, José Fernández Ortega y Juan Manuel Díaz Ortega, cargos públicos del Ayuntamiento en diferentes legislaturas y asesorado por los viejos del pueblo, algunos de ellos serían antiguos cuadrilleros de la Santa Hermandad que conocerían muy bien los límites de su competencias frente a sus homólogos de San Juan, trazarían, las que ellos consideraban, las lindes históricas del pueblo y que a partir de entonces quedaron marcadas de forma imborrable en el alma de los tomareños nativos hasta el día de hoy.
Aquella primavera, Navarro Caro, acompañado del alcalde, sus ayudantes y asesores, recorrió infinidad de veces el término municipal de una punta a otra y obtuvo resultados concluyentes. La división del término de ambas poblaciones, históricamente constatada, estaba condicionada por los accidentes geográficos.
En el término de Tomares surgían tres manantiales. El que manaba en el Zaudín Alto formaba un arroyo que, cruzando la vereda, pasaba por las huertas de Santa Rita y San José, formando un barranco al que afluía otro arroyo que manaba de las pozas de la Cañá Morales (actual Parque Olivar de Zaudín) y siguiendo su recorrido desembocaba en el arroyo de la Fuente. A estos barrancos, formados por el fluir de las aguas, se les llama en el Aljarafe: «caños», así que este arroyo copioso que formaba un profundo barranco se le conocía por el “Caño de Santa Rita”, actualmente enterrado bajo la autovía de Mairena.
Plano Catastral de 1948 donde se describe el recorrido del "Caño de Santa Rita" y su desembocadura en el arroyo de la Fuente a la altura de Camarón.
El arroyo de la Fuente, como es natural, surgía de la fuente de Tomares, cruzaba la vereda a la altura de la Venta de la Mascareta, pasaba cerca de las haciendas del Carmen y Cartuja y seguía su recorrido donde hoy se halla Carrefour hasta llegar a las «Casas de Camarón», lugar donde desembocaba el Caño de Santa Rita. Desde allí ese arroyo caudaloso cambiaba de nombre por el de arroyo o río de Camarón que a los pocos cientos de metros desembocaba en el Guadalquivir.
La gente de Tomares lo tenía claro, todo lo que estaba a la derecha del Caño de Santa Rita eran los «Campos de San Juan» denominación que continuó utilizándose en los planos catastrales hasta mediados de los años setenta del siglo XX, antes de la explosión urbanística; y todo lo que estaba a la izquierda del caño pertenecía a Tomares. Desde Camarón se trazaba una línea recta hasta el comienzo del cerro de la fortaleza de Aznalfarache. Esa línea seguía por el vértice de los cerros de Chavoya hasta el antiguo camino de Mairena que dividía los olivares de Chavoya, pertenecientes a la Cartuja, y el olivar viejo del Carmen. Por lo tanto, lo que hoy es Canal Sur, el hotel Alcora, y Carrefour, según la tradición, deberían haber pertenecido a Tomares.
Siguiendo la línea de demarcación, el olivar viejo cruzaba el vértice del cerro desparramándose por la otra vertiente, donde hoy se encuentran el supermercado Lidl, la gasolinera Galp y el Edificio Invarsa, anejo al hipermercado Hipercor que entendían que también pertenecía a Tomares. Desde ese padrón, a la altura de la rotonda de Leroy Merlin, el límite seguía la carretera de la Vega hasta confluir en el término de Sevilla, situado a la orilla del arroyo de la Madre Vieja, más o menos en la mitad de lo que hoy es el cauce del río Guadalquivir.
Plano Catastral de 1948 donde figuran los cerros del Sagrado Corazón y Chavoya, El Olivar viejo del Carmen figura en dos parcelas, "Hacienda el Carmen" en la vertiente occidental y "La Guitarra" en la zona orienta. Ambas parcelas fueron reclamadas por el Ayuntamiento de Tomares hasta que fue asignada definitivamente a San Juan en 1891. La foto aérea es de 1956 y en ella se pueden apreciar mejor los olivares del Carmen y Chavoya
A don Juan, a la vista del mapa, le dio miedo lo que estaba viendo; más o menos salían 620 hectáreas. En realidad había resultado un mapa sociológico del antiguo municipio. Todo lo que englobaba el terreno que correspondería al pueblo eran las tierras cultivadas por los jornaleros de Tomares, ya fueran los olivares de Cartuja o El Carmen como las huertas de Santa Rita y San José. Las tierras que le tocaría a San Juan no solían pisarlas los jornaleros tomareños, es decir, toda la vega, salvo el Manchón, y los olivares de Alfaro, Cavaleri y Valparaíso. Es decir los dos tercios del viejo término le correspondería a Tomares y un tercio a San Juan. Una barbaridad si tenemos en cuenta la población de cada uno. Esas pretensiones jamás serían aceptadas por los sanjuaneros ni los políticos que los apoyaban.
El golpe de gracia llegó el 15 de julio de 1890. En esa fecha la Reina Regente firmaba la ley que dividía el término municipalxique en su artículo 2º determinaba: “El actual término jurisdiccional del municipio se dividirá entre los dos que se constituyen por esta ley, asignando la cantidad proporcional a cada uno de ellos, con arreglo al número de habitantes.”. En principio, y en base a ese artículo, y dado que la totalidad de la población del municipio era de 1.176 habitantes y la superficie total de 928 hectáreas, a Tomares le correspondería, en base a los 586 habitantes con los que contaba, 462 hectáreas, lo que suponía, según los viejos tomareños, que «la gente de San Juan les «robaría», más o menos, 158 hectáreas, o lo que es lo mismo, la cuarta parte de su término histórico».
Manuel Caro Díaz dimitió como alcalde de ambas poblaciones y fueron elegidos Juan Navarro Caro como alcalde de Tomares y Manuel Martínez Cuevas como alcalde de San Juan de Aznalfarache.
Cuando la gente de Tomares se enteró del contenido de la ley, «picada» con la de San Juan por tantos años de enfrentamiento, se dirigió al Ayuntamiento para recabar información. Los jornaleros, en su ignorancia, temerían que, al dividirse el término y pasar las tierras de Cartuja, Santa Rita, y El Carmen al otro pueblo, perderían su trabajo en beneficio de los jornaleros de San Juan de Aznalfarache. El nuevo alcalde tendría que hacer un alarde de elocuencia y paciencia para pacificar a los jornaleros y convencerles de que la pelota estaba aún en el tejado.
Efectivamente, le correspondía a los técnicos, ingenieros y funcionarios económicos de la Diputación Provincial hacer el deslinde definitivo de los dos términos y es ahí donde tenía que jugar sus bazas don Juan Navarro Caro.
Lo primero que hizo la Diputación es pedirle a cada Ayuntamiento una proposición de deslinde.
La gente de San Juan no se anduvo con chiquitas, basándose en la interpretación literal de la ley según el principio de la proporcionalidad de la población de cada pueblo, proponiendo que la linde de ambos términos municipales se extendiera desde el punto de la Alcantarilla de la Madre Vieja que limita con Sevilla, siguiendo por la carretera del Manchón y la vereda que pasa por la Mascareta hasta Separta (Cepa Alta) donde había una pequeña corrección y desde allí llegar al término con Mairena.xii Todo el terreno que estaba a la izquierda de ese camino le correspondía a San Juan y el que estaba a la derecha al pueblo. Es decir, Tomares perdía todos los terrenos que ocupan actualmente el Casino, las urbanizaciones del Carmen, la Mascareta, Edificio Centris, Urbanización La Cartuja, Zaudín Parque Empresarial, tanatorio y cementerio, entre otros.
Plano del Término Municipal de Tomares-San Juan con el recorrido de la vereda que utilizó el Ayuntamiento de San Juan para deslindar los dos términos. Esta proposición fue rechazada por los funcionarios de Diputación y Gobierno Civil.
Por su parte, Navarro Caro, en base a la ley, no podía exigir el término histórico, pues rompía descaradamente la proporción exigida en el artículo segundo. Así que decidió sacrificar el olivar de Chavoya, perteneciente a Cartuja, incluida la vertiente occidental de los cerros, (Canal Sur, Hotel Alcora y Carrefur) la parte del olivar de Cartuja que se llamaba Vistahermosa (la urbanización que lleva ese nombre) y la mitad de las huertas de San José y Santa Rita, (MediaMark, Instituto Severo Ochoa, etc) cediéndolos al término de San Juan, pero reteniendo los caseríos de estas huertas.xiii Sin embargo siguió reivindicando el Olivar Viejo del Carmen (Lidl, gasolinera Galp y parte de Hipercor) como término de Tomares. Aún así se sobrepasaba descaradamente las 462 hectáreas que le correspondería si se aplicara el criterio de proporcionalidad de la ley en base a la población de cada pueblo.
Los tiras y aflojas entre los representantes de los Ayuntamientos de ambos pueblos duró un año completo. Al final, por arte de birlibirloque entró en liza la riqueza contributiva, es decir el valor catastral por el que se pagaba la contribución rústica, industrial y urbana y en un alarde de imaginación que nunca sabremos a quién se le ocurrió y que los viejos se lo achacan a Navarro Caro, se determinó por los funcionarios provinciales que el total de la riqueza contributiva de ambos pueblos era en torno a 70.000 pesetas.xiv Como cada pueblo tenía más o menos los mismos habitantes, se estableció que cada pueblo tenía que repartirse una riqueza de alrededor de 35.000 pesetas cada unoxv. Si conocíamos la riqueza urbana de cada pueblo, solo había que distribuir la riqueza rústica.
Como San Juan era más rico, pues tenía más industrias, la riqueza urbana que se le computó fueron 12.000 pesetas y a Tomares le correspondió solo, 5.000 pesetas.
Como se adjudicaba a cada pueblo una riqueza total de 35.000 pesetas, el término municipal que correspondería a San Juan equivaldría a una riqueza rústica de 23.000 pesetas, que es la diferencia de la suma del valor catastral urbano calculado en 12.000 pesetas, como hemos dicho antes, y la riqueza total y a Tomares le pertenecería un término municipal equivalente a una riqueza rústica de 30.000 pesetas.xvi
¡Gol por la escuadra!
Después del deslinde realizado por los técnicos de la Diputación resultaron al final 517 hectáreas para Tomares y 411 hectáreas para San Juan.xvii De esta forma tan imaginativa, Tomares, que tenía menos población y riqueza, obtuvo 106 hectáreas más que San Juan. Tuvo, sin embargo, que sacrificar el Olivar del Carmen y los caseríos de Santa Rita y San José.
Aún así, cuando en los años ochenta del siglo XX comenzaron las obras de Canal Sur, los viejos del pueblo solían argumentar en la tertulia de la Peña Bética: «Ese terreno nos lo robaron la gente de San Juan». Eso mismo dijeron cuando se construyó Carrefour o Hipercor, el hotel Alcora o el cuartel de la Guardia Civil.
¿Y cuál fue la reacción de la gente de San Juan? La verdad es que no les sentó muy bien.
El Ayuntamiento, con fecha 25 de julio de 1891, acordó entablar cuantos recursos procedan contra el deslinde realizado en base a los siguientes motivos que aquí resumimos: En primer lugar porque, aún teniendo menos habitantes, Tomares había recibido 106 hectáreas más que San Juan. En segundo lugar porque no se debía haber considerado el valor catastral urbano, sino solo lo que valían las tierras si se quería ser equitativo y en tercer lugar porque no se había tenido en cuenta la riqueza pecuaria.xviii Por supuesto que ninguno de estos argumentos fueron tenidos en cuenta y aquella división continúa vigente hasta el día de hoy.
Cuando murió Navarro Caro, el Ayuntamiento de Tomares le dedicó una calle en el pueblo.
Cuando murió don Antonio Ramos Calderón, el ínclito diputado que propuso la división del municipio, el Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache también le dedicó una calle del pueblo, pero cuando los nacionales tomaron el poder en 1936, conociendo la catadura moral del individuo, le cambiaron el nombre por la de Queipo de Llano. Luego, cuando durante la monarquía parlamentaria le quitaron el nombre de la calle a Queipo de Llano, nadie se acordó de Antonio Ramos Calderón.
Actualmente la calle Navarro Caro, que está en el meollo del casco histórico del pueblo, sigue siendo la calle más céntrica y de más solera de la localidad.
Plano del Término Municipal de Tomares 1891
Referencias
i“La Época” 6 de febrero de 1890, pag. 2;
ii“Los Diputados pintados por sus hechos: Colección de estudios biográficos sobre los elegidos por el sufragio universal en las Constituyentes de 1869” Roque Labajos (Madrid.) R. Labajos y Compañía, 1869. Página 445.
iii“Masonería y democracia en el siglo XIX: el Gran Oriente Español y su proyección político-social” (1888-1896). María Asunción Ortiz de Andrés. Univ Pontifica Comillas, 1993 – pags. 180 y 304.
iv“Mapa del Caciquismo en España” Revista “Gedeón” 1897.
vVarela Ortega, José, “El poder de la influencia: geografía del caciquismo en España: (1875-1923)” Centro de Estudios Políticos y Constitucionales 2001
vi«Historia de San Juan de Aznalfarache». Daniel Pineda Novo. Ayuntamiento San Juan de Aznalfarache. 1980. pag. 112.
viiMadoz, Pascual. «Diccionario Estadístico Geográfico Histórico» Madrid. 1850. Tomo III, pags. 213-214
viii«Valparaiso un Cristo para los Mares del Sur», Juan J. Antequera Luengo, Facediciones, pag. 28
ix Ver: Biblioteca Digital Hispánica. «Planta de la villa de Tomares, y de San Iuan de Alfarache suanejo, y Alquerias de sutérmino cuya Iurisdicion señorio»
x«Historia de San Juan de Aznalfarache». Daniel Pineda Novo. Ayuntamiento San Juan de Aznalfarache. 1980
xi«Historia de Tomares. De la prehistoria a la Edad Contemporánea» Á. Gómez Peña, Luis Gethsemaní Pérez Aguilar, Enrique Ruiz Prieto. Aconcagua Libros. 2011. pag. 237.
xiiIbid. Pag 116. [...] desde la Alcantarilla de la Madre Vieja del Rio limite del termino de Sevilla, hasta la haza de olivar llamada Sepaalta, la carretera de la Mascareta, que por dicha haza de Sepaalta se atravesará, dejando de mi cabida para el termino de Tomares, seis hectáreas ochenta y siete áreas y sesenta y dos centiáreas, y para el de San Juan seis hectáreas sesenta y seis áreas y setenta y tres centiáreas, y siguiendo hasta el camino de Sobuelva por el que se continuara á la Haza del Granados que es el limite divisorio de Mairena del Aljarafe»
xiii«Sobre la localización geográfica de la qarya andalusí de Sobuerva (Šuburbal) y otras cuestiones» Luis-Gethsemaní Pérez-Aguilar, Enrique Ruiz Prieto, Álvaro Gómez Peña, Jesús Rodríguez Mellado, Gabriel Carvajal Mateos. Al-Qantara. XXXV 1, enero-junio 2014. pp. 116. «Partiendo desde la Alcantarilla de la Madre vieja de la vega de Triana, límite del término de Sevilla, por la inmediación de la carretera hasta llegar a la Alcantarilla de la venta de Jurado, y siguiendo por la inmediación del camino que conduce a esta villa de Tomares hasta llegar a la subida de la cuesta, tomando un padrón que se encuentra a la izquierda que divide la haza de Manchón y el Olivar Viejo de la Hacienda del Carmen, hasta llegar a una callejón ó hijuela que sigue alrededor del camino vecinal que conduce a San Juan quedando a la derecha de la antes citada hijuela el olivar viejo y a la izquierda el olivar denominado Chavoya, que atravesando dicho camino vecinal y siguiendo la hijuela hasta entrar y seguir un carril que atraviesa los olivos de la Hacienda de Esteban de Arones, hasta llegar a la portada de la mencionada Hacienda, siguiendo a la izquierda del antes dicho carril, y por los mismos olivares,y por junto a la era de esta Hacienda, hasta llegar a la portada del caserío de San José, y desde la esquina de este caserío, siguiendo a línea recta atravesando Huerta y viña de dicho San José hasta llegar a la encina que se encuentra en los olivares de Doña Antonia Cavaleri, quedando a esta parte [la de Tomares] como seis o siete aranzadas de Huerta y viña siguiendo desde dicha encina a línea recta hasta concluir, donde se dividen los términos de Mairena del Aljarafe y estas villas.»
xiv«Historia de San Juan de Aznalfarache». Daniel Pineda Novo. Ayuntamiento San Juan de Aznalfarache. 1980. pag. 263.
xvIbid. Pag. 265.
xviIbid. Pag. 265.
xviiIbid. Pag. 264.
xviiiIbid. Pag. 267.




